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Cosas Nuestras. Uruguay Montevideo

Uruguay y aquellas cosas que hacen a nuestra cultura e idiosincrasia.

Museo de J. Zorrilla de San Martín

..“Toda mi vida está entre estas cuatro paredes, aquí están mis recuerdos de familia y el fruto de mis esfuerzos”, escribió Juan Zorrilla de San Martín en su obra “El sermón de la paz”, refiriéndose a su casona de Punta Carretas hoy convertida en museo bajo el nombre oficial de “Museo y Escuela Cívica Juan Zorrilla de San Martín”. En ella, el poeta pasó buena parte de la segunda mitad de su vida.

El museo pertenece al Ministerio de Educación y Cultura, está bajo la órbita del Museo Histórico Nacional y es gestionado actualmente por una Comisión de Amigos, que lo hace en forma honoraria.

LA CASONA EN VIDA DE ZORRILLA

De estilo netamente español, la casa fue erigida en dos etapas. En 1904 se inició su construcción en lo que entonces era una zona despoblada de Punta Carretas, cuando aún no existía siquiera la Rambla (construida en 1915) y el terreno se continuaba sin escollos hacia las rocas y el mar de esa zona.

Zorrilla –que entonces vivía con su familia en una casa de la calle Rincón esquina Treinta y Tres, en la Ciudad Vieja– erigió en primera instancia la torre blanca que se ve hoy asomando por encima de sus techos de tejas rojas y algunas habitaciones más, con el propósito de pasar allí los veranos y escribir –sin que nadie interrumpa sus momentos de inspiración– en esa torre rodeada por la sombra que en su jardín brindan aún los mismos ombúes silvestres de entonces, los rosales, los jazmines y madreselvas, toda una variada flora que ha sabido prestar su colorido a la magia del lugar. Por allí paseaba don Juan su nerviosa y ágil figura, de prolija barba, ataviado casi siempre de negro, con su gorra blanca de marino y ocasionalmente un bastón. Esa es la imagen física que sus contemporáneos tenían de Zorrilla, un hombre de conversación amena, ademanes enérgicos, espíritu abierto a todo y a todos y que supo ganarse el aprecio y cariño de sus conocidos y aún de los que no lo conocían. Era un hombre de inmensa popularidad en aquel Montevideo de las primeras dos y tres décadas del siglo pasado, todavía con una cotidianeidad que se resistía a dejar de ser aldeana.

En 1921, Zorrilla inició la segunda etapa de su casona, agregándole a lo ya construido el actual comedor, que remite a lo más puro de las casas españolas: un extremo de la habitación está presidido por una chimenea bordeada de azulejos que en su frente tiene labrado el escudo de la familia Zorrilla de San Martín, cuyo lema reza “Velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”. La pared sur se abre hacia una terraza desde la que se aprecia el mar y en la pared enfrentada un gran mural del hijo del poeta, José Luis Zorrilla de San Martín, narra en un tríptico pintado al fresco el versículo bíblico de la cena de Emaus. El hijo de Zorrilla lo pintó en 1927, poniendo en práctica un ensayo de muralismo con el que complementaba su verdadera pasión, que era la escultura.

El diseño de los agregados edilicios de la casa lo hizo también su hijo José Luis, para quien el arte en todas sus disciplinas no tenía secretos. Paralelamente se rediseñó el jardín, siendo de esta segunda época la fuente y el banco de azulejos españoles que por su encanto y simetrías llaman hoy tanto la atención de los visitantes.

La casona fue en vida de Zorrilla de San Martín –y a medida que pasaba allí temporadas cada vez más prolongadas– lugar al que llegaron ilustres visitantes de la alta intelectualidad nacional y extranjera, además de las máximas jerarquías eclesiásticas. Los sucesivos arzobispos de Montevideo, Monseñor Mariano Soler y Monseñor Aragone, fueron dos de los asiduos concurrentes al hogar estival de Zorrilla, alguna vez hasta oficiando misa en la recoleta capilla de la casona, la misma en la que algunas de las nietas del poeta tomaron su primera comunión, entre ellas –realizándolo en forma conjunta, en 1930– Luisa Montero Zorrilla y la destacada vestuarista teatral Guma Zorrilla Muñoz.

También cabe mencionar entre los ilustres visitantes de la casona al pintor español Ulpiano Checa y a los eminentes filósofos Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset; al filósofo compatriota Carlos Vaz Ferreira y su hija, la poetisa María Eugenia; al poeta mexicano Amado Nervo que en aquel tiempo ejercía el cargo de embajador de su país en el nuestro y vivía en el Parque Hotel; a Juana de Ibarbourou, de quien Zorrilla fue su padrino de casamiento, aunque le impuso como condición que la unión se celebrase por la Iglesia, lo que en principio Juana había descartado pero aceptó por la única razón de tener a Zorrilla investido como su padrino de bodas. También la poetisa Susana Soca asistía regularmente a la casa de Punta Carretas, pidiéndole su consejo para su obra poética.

En 1926 el vate recibió, en su casa veraniega, un obsequio enviado por el rey Alfonso XIII de España que le emocionó particularmente: el escudo familiar tallado en piedra, que el monarca hizo sacar de la casa solariega de los Zorrilla de San Martín en el Valle de Soba y quiso que el poeta uruguayo lo tenga en su casona. Ambos habían mantenido amables conversaciones luego que Zorrilla ofreciera el recordado discurso en La Rábida, sobre la relación de España con las naciones americanas.

La colocación del escudo con la leyenda “Velar se debe la vida…” en una pared externa, en el camino de ingreso a la casa (y que aún se mantiene en perfecto estado) originó una emotiva ceremonia que contó con la presencia del presidente de la República de entonces, Ing. José Serrato.

EL MUSEO TRAS LA MUERTE DEL POETA

Pasado un lustro de la muerte del poeta –acaecida en esta misma casa, el 3 de noviembre de 1931– el Estado adquirió el edificio a los hijos de Zorrilla de San Martín con el propósito de transformarlo en museo, poniéndolo bajo la órbita del entonces llamado Ministerio de Instrucción Pública (hoy de Educación y Cultura) y formando parte del conglomerado de casas históricas pertenecientes al Museo Histórico Nacional del Uruguay.

La ley que declaró a la casa de Zorrilla “monumento nacional” y “museo público” fue la No. 9.595, promulgada el 12 de setiembre de 1936. En su segundo artículo señala textualmente: “Erígese la referida casa-quinta en museo público con la denominación Museo Zorrilla de San Martín”. Más tarde, antes de su apertura al público –registrada en 1943– se le cambió la denominación, llamándolo “Museo y Escuela Cívica Zorrilla de San Martín”. El concepto “escuela cívica” obedeció a la intención de que el museo fuera, además de la casa que exhibiera el mobiliario y los documentos que pertenecieron al “Poeta de la Patria”, un lugar donde jóvenes artistas, recién surgidos al arte, tuvieran allí un sitio donde se les diera la oportunidad de mostrar sus obras.

El documento sobre la transacción con los descendientes estableció que el Estado aceptaba la donación por parte de los hijos de don Juan de los “muebles, colecciones de arte, libros, manuscritos, originales, documentos, condecoraciones, objetos de uso personal, etc.” de su pertenencia, los que en su gran mayoría están todavía allí expuestos.

Ya en su carácter de museo, la casona se abrió al público el 3 de noviembre de 1943, precisamente cuando se cumplían 12 años de la muerte del vate. Al salir así de la órbita familiar, el público pudo ingresar libremente y apreciar esa casona de encantadoras líneas arquitectónicas, netamente inspiradas en el carácter español, así como su mobiliario, los objetos y los documentos que fueron parte de la vida del poeta; además, obviamente, de la magia de su jardín y su patio central de reminiscencias andaluzas.

El museo contó inicialmente para su faz administrativa con un director, un subdirector y una Comisión de Patronato cuyas funciones eran semejantes a las que hoy tiene la Comisión de Amigos. El primer director del museo, por decreto reglamentario del 8 de octubre de 1941, fue el hijo del poeta, el escultor José Luis Zorrilla de San Martín, en tanto como subdirector honorario fue designado Ernesto Pinto y como conservador honorario al Sr. Arturo Scarone. La Comisión de Patronato, por su parte, la integraron miembros de bien ganado prestigio en el ambiente intelectual de nuestro país, como la poetisa Juana de Ibarbourou, el jurisconsulto José Irureta Goyena, el filántropo Alejandro Gallinal, el jurista y pensador Dardo Regules, los historiadores Víctor Pérez Petit y Juan Carlos Gómez Haedo y el escritor Juan Antonio Zubillaga.

Poco más de veinte años después de su apertura, a mediados de la década del sesenta, el museo debió cerrarse por reformas, ya que la edificación presentaba cierto grado de deterioro. Luego de practicársele algunos arreglos esenciales encargados por el entonces ministro de Educación y Cultura Edmundo Narancio y la directora del museo Dora Isella Russell, fue reabierto oficialmente el 20 de agosto de 1973 con un acto protocolar en el que el Dr. Alejandro Gallinal Heber trazó un perfil del poeta que llamó “Don Juan Zorrilla de San Martín, el hombre y el ciudadano”, luego publicado textualmente en un número de la revista-boletín del museo. El acto se cerró con una grabación de la vibrante voz del poeta recitando “La Leyenda Patria”, un hecho altamente emotivo para los presentes.

En esa reapertura se recibieron importantes aportes desinteresados, que tuvieron distintas formas. Cabe destacar entre los donantes a Octavio y Fernando O. Assuncao, Alejandro Gallinal Heber, Juan Fischer Mello, Víctor Soriano, Armando Pirotto, Walter E. Laroche, Edgardo Ubaldo Genta, César L. Loustau, Adolfo Rodríguez Mallarini, Olga López de Antuña Yarza, José María Montero Zorrilla, Juan Carlos Montero Zorrilla, Emilio Carlos Tacconi, Ariosto Fernández, Mario Durán Lasala, Alejandro Zorrilla de San Martín Villegas, José Luis Zorrilla de San Martín, Julieta Irureta de Zorrilla de San Martín y Matilde Parpal de Zorrilla de San Martín.

Pero la reapertura no duró mucho: en pocos años más debió nuevamente cerrarse al público por no ofrecer las mínimas comodidades al visitante ni tener en condiciones aceptables de exhibición a muchos de sus muebles y objetos. La causa esgrimida fue una vez más la falta de recursos.

Cuando parecía que los daños eran irreversibles, en 1996 surgió la iniciativa privada de formar una Comisión de Amigos que, con un trabajo exhaustivo y logrando recursos de empresas auspiciantes, logró recuperar gran parte del acervo del museo y exhibirlo como lo que hoy es: un ejemplo museístico en el Uruguay.

EL CONTENIDO DEL MUSEO

Debe advertirse al visitante que la distribución de los distintos ambientes no necesariamente corresponde en su totalidad a los mismos que acogieran en vida al “Poeta de la Patria”, aunque se mantiene, eso sí, el respeto irrestricto por todo lo que perteneció a Zorrilla en vida.

Realizada la necesaria aclaración, pasemos a una síntesis de lo que puede observarse.
En la planta baja se suceden distintas habitaciones en forma de L: el salón de recepción, la sala de lectura, el dormitorio, la sala de los óleos, el escritorio, el comedor y la capilla u oratorio.

* En el salón de recepción era frecuente en vida del poeta que se realizaran veladas musicales, tal como lo prueba una foto familiar allí exhibida. Su segunda esposa Concepción y sus hijas Elvira y “Cochona” poseían una afinada voz y excelentes condiciones en la práctica del piano. En el mobiliario se destaca, además del referido instrumento musical, un juego de sillones coloniales tapizado en terciopelo verde y un óleo en el que está retratado Pablo Zorrilla de San Martín, tío del poeta, pintado nada menos que por Juan Manuel Blanes.

* En la sala de lectura se exhiben libros, fotos del poeta y sus antepasados y otras pertenencias, con lo que el visitante podrá acercarse a su intimidad.

* El dormitorio mantiene estrictamente el mobiliario original, agregándose a ello la mascarilla mortuoria del poeta realizada por su hijo el escultor.

* En la sala de óleos se aprecian los cuadros más destacados del patrimonio de Zorrilla, entre ellos una representación de “Tabaré” en tamaño considerable (el indio cuando recién descubre a Blanca) pintada por un artista español a quien Zorrilla le encargó la obra cuando se encontraba en Madrid ejerciendo el cargo diplomático. Una segunda obra del mismo pintor –escenificando la muerte de “Tabaré” – se encuentra en el salón de recepción. En la sala de óleos también se observan algunas de las esculturas más importantes de su hijo José Luis, en formato a escala, entre ellas “El Viejo Vizcacha”. En un mueble debidamente acondicionado con cerramiento de vidrio se pueden apreciar las diferentes ediciones originales del libro “Tabaré”, en diversos idiomas, así como los manuscritos originales de “La Epopeya de Artigas”, dos de las obras más conocidas del poeta.

* En el escritorio, junto a la biblioteca de estudio de Zorrilla y el libro donde se exhibe el escudo original de la familia, pueden observarse también las condecoraciones recibidas por Zorrilla a nivel nacional e internacional, su vestimenta de gala de los tiempos en que ejerció la diplomacia en Europa y la bicicleta adquirida en París con la cual recorrió buena parte de los distintos barrios de la capital francesa.

* Del salón comedor ya hemos hecho referencia a la chimenea y al fresco “La cena de Emaus”, advirtiéndose también que hay allí cuadros del pintor José Miguel Palleja. Puede observarse asimismo que en la magnífica lámpara de hierro forjado que cuelga sobre la mesa se lee el lema familiar ya mencionado. La misma fue confeccionada por un orfebre uruguayo.

* La capilla (también llamado oratorio) está consagrada a la virgen Nuestra Señora del Carmen, de la cual se puede apreciar una talla española en madera policromada y con corona de oro y plata, que al poeta le obsequiara don Juan D. Jackson. Las dos columnas de madera tallada y dorada a la hoja, por su parte, provienen de las Misiones Jesuíticas. El altar fue construido por los alumnos de los talleres de Don Bosco y obsequiado al poeta por los padres salesianos.

En todos los ambientes mencionados existen numerosos testimonios escritos y fotográficos relacionados con la vida y obra del escritor.

Todo lo anterior es lo que hace al museo. Cabe empero indicar que en el año 2001 la Comisión de Amigos terminó la construcción de una sala de exposiciones anexa al museo de la que damos cuenta en otra parte.
Finalmente cabe referir lo que dijo el Dr. Alejandro Gallinal Heber en oportunidad de la reapertura del museo en su discurso de 1973, porque es una síntesis de lo que el visitante puede recibir en su recorrida: “Este museo, recoleto y sin jactancias, se abre hacia el recuerdo, hacia el eco de las voces ausentes, hacia la nostalgia de los gestos y de las pisadas que insisten en aflorar a través de una complicidad entre la memoria y el ambiente”.

Fecha :
04/11/2011
Tópicos :
Museo J. Zorrilla de San Martín casona Punta Carretas Contenido

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